Después de días explorando la vibrante Tailandia, nos regalamos algo más profundo: una pausa para el alma.
En el corazón de Chiang Mai, entre jardines de flores blancas y antiguas estupas doradas, nos espera Wat Suan Dok, un templo que no solo se contempla… se siente.
Aquí, el tiempo se ralentiza.
Nos sentamos a conversar con monjes en un programa educativo sobre budismo. Hablamos del apego, del amor, del miedo, del arte de soltar. No hay juicio. Solo escucha.
Aprenderemos nociones de meditación, aprendemos a respirar con presencia, a caminar con intención, a mirar nuestros pensamientos sin miedo.
En este rincón sagrado, muchas de nosotras nos reencontramos con partes olvidadas. Descubrimos que la calma también es una forma de belleza.
Por la tarde, te convertirás en chef por un día. De la mano de locales, descubrirás los secretos de la gastronomía tailandesa en un curso de cocina tradicional tailandesa.
Cortamos, mezclamos, reímos… y terminamos compartiendo la cena que nosotras mismas hemos preparado.
Más que una clase, es una experiencia para los sentidos, una forma deliciosa de llevarte un pedacito de Tailandia contigo.