Confesiones de una mujer que viaja sola

Mujer que viaja sola - Ellas por el mundo - Malta (3)

Confieso que ser «una mujer que viaja sola» no siempre fue mi elección.

No.

Empecé a viajar sola porque no acepté por ningún motivo renunciar a mi sueño porque mi ex compañero tenía miedo de soltar para saltar a un vacío desconocido.

Confieso que dudé.

Dudé en renunciar, en salir de mi burbuja urbana y en soltar lo material. Vender mi ropa, accesorios y otras posesiones para empezar de cero. Dudé en actuar pensando en el qué dirán. Dudé en viajar sola por primera vez. Confieso que no fue fácil enfrentar mis miedos, que los dejé salir uno por uno a medida que avanzaba. Dudé en estar haciendo lo correcto. Pero también confieso que me gustó sentir el vértigo de lanzarme, de soltar, de haber tomado la decisión de abrazar la libertad.

La libertad y el camino. Mis dos grandes amores. Confieso que el primer viaje fue difícil. Perdí todo el dinero y por voluntad propia decidí seguir y viajar sin dinero. Después de ese viaje sabía lo que quería hacer con mi vida. Confieso que tardé tiempo en entender que debía vivir mi vida sin llenar las expectativas de otro. 

Confieso que me he enamorado; de un paisaje, un sonido, un sabor, un olor, de personas que lo dan todo sin recibir nada a cambio, de aquel que le sonríe a la vida, del que vive de manera descomplicada disfrutando del presente, de aquellos que no les da miedo volar alto ni romper paradigmas. Confieso que me enamoré de él, alma no tan libre como la mía pero de ojos soñadores y corazón noble. Confieso que lo pensé dos veces, pero al final me marché.

Confieso que odio mentir sobre mi situación sentimental. Como lo hice con aquella familia musulmana que se interesó primero en mi futuro «como mujer de hogar» que en el mismo hecho de «mujer que viaja sola«. O con aquellos campesinos que me preguntaron cuándo iba a tener hijos y cuando aquellas señoras de la gran urbe afirmaron que era «de buenas porque podía viajar ahora, cuando me casara ya tenía que estar en casa». Confieso que odio mentir de la misma manera que odio dar explicaciones que no le conciernen a nadie. 

Confieso que he llorado; porque hace frío, porque tengo miedo, porque sí y porque no también.

Mujer que viaja sola - Ellas por el mundo - Rio de Janeiro

Confieso que he amado la libertad de la misma forma en que la he odiado. Que a veces la mochila me pesa y quiero parar a descansar, a leer y tener mi propia biblioteca. Confieso que cuando me detengo por mucho tiempo, los pies me pican, la mochila me llama y los mapas me hablan.

Confieso que he odiado y que más de una vez maldije a algún tipo por querer «pasarse de listo conmigo». Confieso que una vez mandé a callar a un hombre que me miraba indebidamente diciéndole también «viejo verde». También confieso que me enfureció que él se haya sentido ofendido.

Confieso que prefiero que me llamen amargada y grosera, a que huelan el miedo y me consideren una víctima fácil.

Confieso que he sido más atacada verbalmente por mujeres que por el género opuesto. Mujeres que desvirtúan a otras y que humillan a su misma especie.

Confieso que me duele y sufro cuando me entero de la agresión hacia una mujer. Cuando sus voces son forzadas a apagarse detrás de una sociedad machista.

Confieso que a pesar de la lucha por la equidad de género, no me gusta cuando aseguran que es lo mismo viajar solo siendo hombre que viajar sola siendo mujer. Vivimos en una sociedad de mandatos patriarcales, donde la mujer que salga a viajar sola es considerada una valiente con pantalones, pero si le pasa algo, si la intimidan, la violan, la secuestran, la matan, entonces es culpa de ella por «estar sola». Siento que aún falta mucho camino por recorrer para que aceptemos roles igualitarios entre mujeres y hombres, así que en mi opinión, no. No es lo mismo.

Mujer que viaja sola - Ellas por el mundo - Malta (3)

Confieso que me gusta romper paradigmas y luchar por mis derechos como mujer. 

Confieso que la etiqueta que llevamos encima las que viajamos sola, pesa. En algunas culturas donde la mujer tiene su rol bien definido, somos chicas libres y por ende fáciles. En otros lugares sentirán pena por nosotras porque viajamos solas y no tenemos un hombre que nos cuide. Para otras personas, seremos lo más parecido a la Mujer Maravilla por atrevernos a viajar sola. Como lo dije: me pesa enormemente.

Confieso que me olvido del tiempo. No sé si es lunes o viernes, nunca llevo reloj ni me interesa saber qué hora es a menos que sea para no perder el medio de transporte al siguiente destino. Confieso que como cuando tengo hambre y no cuando me toca.

Una chica sola llama la atención, especialmente si visita países donde su apariencia física es distinta. Pero por ser una mujer que viaja sola, se me abren muchas más puertas que las que se me cierran. Confían en mi, especialmente aquellas familias donde hay niños pequeños. Algunos activan su nivel paternal y otras elevan su instinto maternal para cuidarme. Confieso que siempre me pregunto si viviría las mismas situaciones si estuviera viajando con un hombre.

Confieso que no me da envidia ver a mis amigas casándose y teniendo hijos. Solo me da nostalgia no poder asistir a ninguno de esos acontecimientos porque no me puedo comprometer a largo plazo.

Mujer que viaja sola - Ellas por el mundo - Malta (3)

Confieso que dejo de ver las noticias al menos quince días antes de llegar a un nuevo lugar. Mirar ese aparato transmisor que puede decir una verdad o una distorsión sin que notemos nunca la diferencia, me hace creer que la humanidad está naufragada y que es mejor quedarse en casa para estar segura.

Confieso que he tenido miedo muchas veces. De hecho, estoy segura de que él está ahí conmigo, siempre. Cuando empiezo a empacar nuevamente, cuando me subo la mochila a cuestas y la siento más pesada pero sin embargo, llevo lo mismo siempre. Cuando piso por primera vez un aeropuerto, terminal o estación. El miedo siempre me acompaña cuando doy un paso enfrente y decido llegar a un nuevo destino por primera vez. Es como empezar de cero. Como si hubiera salido de una zona de confort de tan solo unos días, para entrar a una de «inconfort» que a los pocos días volverá a convertirse en una zona conocida. Complicado, ya lo sé.

Me da miedo enfermarme, torcerme un tobillo, que me roben, sufrir un ataque físico, perder a un ser querido estando lejos, cruzar una frontera, perder la esperanza, tirar la toalla, saber que nada es para siempre, morir sin vivir, que me atropelle un auto, casarme, no casarme, tener hijos, enamorarme de alguien que no le guste viajar, esperar mucho de los demás, salir sola de noche, extrañar, pero sobretodo, perder mi libertad.

El miedo me acompaña cuando me bajo de un bus y los rayos del sol aún no están ahí para calentarme, darme esperanzas y decirme que estaré bien. Pero también confieso que me gusta que esté conmigo, así sea por raticos, para que me haga estar más alerta, más intuitiva, para que en algunos casos me salve la vida.  Como la única vez que me han intentado robar viajando y empecé a gritar impulsivamente con todas las fuerzas de mi ser. Obviamente el miedo estaba ahí, aferrado a mi y gritamos juntos, como dos locos que pedían auxilio hasta que las personas curiosas voltearon a ver y espantaron a los dos ladrones.

-Pudo haber sido peligroso reaccionar así, ¿Sabes?

-¿Y crees que no lo sé? Pero no fue a mí a quien le dio ese arrebato, fue a ti. Así, sin «usted» y tuteándolo, con confianza, porque prefiero llevarlo conmigo que dejarlo en casa.

Confieso también, que nunca dejé que el miedo decidiera o actuara por mi. Me mantiene alerta y le doy permiso para hacerlo, pero sabe que hay momentos en los que debe serenarse. Como cuando recibí la invitación de una indígena para quedarme en su resguardo, o aquella vez que acepté con gusto el desayuno de una familia musulmana con la que nunca pude cruzar una palabra por no hablar el mismo idioma.

Confieso que me saca de casillas estar en la selva o en un desierto con cólicos menstruales. En ese momento el ciclo de la vida no es que me interese mucho.

Confieso que me canso de hacer todo sola. De planear, maquinar, coordinar la unión de dos puntos en el mapa, de escribir, tomar fotos, hacer videos, editar, publicar, difundir. De correr de un lado para otro, aguantar las ganas de ir al baño porque no hay quien cuide la mochila, de no poder ir a algunos lugares porque no tengo con quien, de tener que fingir una sonrisa, de estar alerta, de desarrollar sentidos que ni siquiera sabía que tenía, de intuir, de tomar decisiones.

También confieso que si no tuviera que hacer todo sola, jamás me hubiera convertido en la mujer que soy hoy en día. Independiente, segura, con buen autoestima y dispuesta a luchar por sus sueños.

Mujer que viaja sola - Ellas por el mundo - Auroras boreales (1)

Sueños. Confieso que tengo muchos, más de lo que desearía tener. Y a veces, una vocecilla me habla al oído y me dice que no seré capaz de cumplirlos. Confieso que la he mandado a callar un par de veces sin dejar que se salga con las suyas. La primera vez fue cuando estaba decidida a dejarlo todo para empezar a viajar; después fue cuando quería ver las auroras boreales y no tenía suficiente dinero, así que, a escondidas de ella, me paré sola en la carretera para hacer dedo a -10 grados de temperatura sosteniendo un cartel mientras las manos me sangraban por el frío. Confieso que maldije y patalée como niña chiquita por no hacerle caso. Al final, agradecí enormemente no haberla escuchado cuando las auroras danzaban en el cielo y dos lágrimas de euforia bajaban suavemente por mis mejillas.

Ese día supe que podía ser capaz de todo lo que me propusiera.

…Y que tal vez escribiría algún día un libro…

…Y que algún día sería conferencista para transmitir los conocimientos adquiridos durante mis viajes …

..Y que nunca dejaría de soñar.

4 comentarios de “Confesiones de una mujer que viaja sola

  1. Laura Diazgranados dice:

    Waooo simplemente qué espectáculo de articulo, me encanta porque me veo en algunas lineas de él… me dá ánimo a decir que un día yo también podré experimentar esa clase de libertad! en que cuando uno quiere algo no debe bajar la guardia hasta no alcanzarlo y que valdrá la pena, a que no me importe que los demás puedan decir que yo estoy loca! y si a eso le llaman se loca, pues lo seré porque la vida se vive plena cuando lo haces con locura.

    Mi admiración completa para ti!

  2. Iliana dice:

    Lina me encanto tu artículo, me siento totalmente identificada. Yo aun no lo dejo todo, pero voy empezando de a poco y me enknta, soy solitaria y si, como comentas no es fácil hacer las cosas sola y también muchas veces el miedo se ha apoderado de mi, pero tampoco me ha detenido. Me considero una miedosa valiente, a la que le han querido cortar las alas, pero que gracias a eso mis ganas de querer seguir viajando aumentan. Infinitas gracias por inspirarme y por toda la info que compartes.

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